jueves, 3 de julio de 2008


Mujer que silba anuncia desgracia.
Acá estamos otra vez. El mismo circulo blanco lleno de aristas.
Otra vez la gente misma, la misma gente. Dedos rojos, ojos enormes y sonrisas imperceptibles.
No es lo mismo. Defiendo a ultranza la idea de la semejanza. Semejante no es igual. Somos semejantes, somos complemento. No iguales.
Así son las desgracias. Aparecen cuando la realidad se establece tranquila y sin tapujos. Cuando no queda nada que poner en duda.
Y zas, venga desgracia. Apiádate de este pobre cuerpo que nada tiene para rescatar de tus manos. Apiádate. Compadécete. Déjame un segundo volador para correr por el campo intentando que pierdas mi tenue rastro.
Demasiado tarde.
El circulo se cierra. Alguien grita: no me digas pendeja! y de nuevo las aristas incontables se aprietan contra la piel.
¿Y la piedad? ¿Y mi segundo alado?

Se van con el aire que sinuoso se escapa entre los labios de la mujer musical.


1 comentario:

dividida dijo...

velentina, podrías cambiar el tamaño de las letras, me dificulta la lectura.
(o será que necesito lentes?)
no te conozco de verdad
me gustaría
alguna vez...
besos

no sé por qué me lastiman los colores?